Una forma de vida foránea se mezcla con las habituales formas que conforman nuestra propia forma de vida. Los marcadores en la piel de estas células patógenas provocan la alerta de las nuestras, que atraen células especializadas en la defensa y erradicación del cuerpo extraño. Se forman células encargadas de preservar la memoria, para no olvidar quien fué el enemigo y estar preparados para erradicarlos sin demora.
Tras el ataque, todo vuelve a la normalidad. La jerarquía del cuerpo vuelve a establecer su engrasada maquinaria. El corazón bombea, el riñon filtra. El bienestar se halla en el correcto funcionamiento.
Sociedad de células
Sociedad del propio alma
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