Thursday, June 18, 2009

\.cuerpo.rostro

Huesos, musculos y piel conforman el "espejo del alma". músculos como riendas que la cultura y los instintos manejan a su antojo.

El dolor provoca la mueca, la sonrisa muestra la simpatía.

La piel se conforma a los impulsos de los músculos que la mueven, como si de un espectáculo de títeres se tratara.
Tanto el titiritero como el público comparten un código: ambos entienden la representación| que los títeres son artificios que sustituyen una situación ficticia, pero que el escenario provoca la dudosa magia de convertirlo todo en real.

La piel, escenario del arte de la conversación. Obras pobladas de directores, que mandan entrar en sucesión a unos y otros actores, según la obra lo necesite, o segun los propios directores lo necesiten.

El espectador - a la vez director - de la obra del rostro entiende lo que la obra le quiere decir, y si observa más atentamente, puede incluso reconocer a los actores - generalmente encasillados en sus papeles - e incluso a los directores, es decir, que partes del discurso del rostro se deben al consciente, al inconsciente, al grupo familiar, al grupo cultural... que líneas del guión tienen como objetivo la interacción con el público inmediato, cuales buscan notoriedad fuera de este público, o que actores buscan destacar sobre los demás.

Con los años, los actores engrandecen, empequeñecen, su fisionomía se adapta a su papel. Las arrugas se muestran, y la belleza de los rostros envejecidos es que muestran el suelo del escenario, las marcas de desgaste en las regiones de mayor uso.

Gracioso experimento sería mantener una conversación con un rostro cuya piel fuera invisible. Los entresijos de la función, los "bastidores del alma". Músculos tensándose al ritmo de la función. Sería posible responder con nuestra propia función?

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